—Lex —dijo ella con voz débil, mientras el sudor le humedecía el nacimiento del pelo cuando él se encaramó sobre su cuerpo para besarla profundamente. Ella se saboreó a sí misma y se derritió un poco más. Sus huesos eran pura sopa dentro de su carne y era la sensación más increíble que jamás había experimentado.
—Te corres como una jodida reina guerrera salvaje —dijo él con una sonrisa fiera que le llegó al alma.
La besó de nuevo, haciendo girar su lengua contra la de ella, saboreándola mientra