Isabella suspiró de placer, abriendo la boca mientras le sujetaba la cabeza, apretando el agarre como para evitar que se alejara. Pero no tenía de qué preocuparse, porque él no tenía ninguna intención de soltarla, no hasta después de haberse enterrado profundamente dentro de ella.
Ella le pasó los dedos por el pelo y Alexander succionó con más fuerza, haciendo girar el pezón en su boca, lamiéndolo suavemente con la lengua, para luego succionar rápida y fuertemente antes de volver a empezar. Era