Capítulo 3
Me dieron tal vez cinco segundos para ajustarme, luego empezaron a moverse, lento al principio, sacándose juntos, empujando de vuelta adentro juntos, la fricción era una locura, cada cresta y vena arrastrándose contra mis paredes y contra el otro dentro de mí.
Mi clítoris estaba atrapado entre sus cuerpos, frotado en carne viva con cada embestida.
Perdí el control, empecé a llorar fuerte, sollozos feos mezclados con gemidos que no podía controlar, mi coño apretándose y convulsionando