PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
Con un gruñido animal, él la giró de nuevo, inclinándola hacia adelante hasta que las palmas de sus manos quedaron planas contra el vidrio empañado. Sus manos grandes se aferraron con posesión a su cintura estrecha mientras la penetraba desde atrás con embestidas fuertes y rápidas, el sonido húmedo y carnal de sus pieles chocando mezclándose con sus gemidos resonantes.
“Más fuerte… por favor…”, suplicó ella, con la voz quebrándose por el placer abrumador.
Él se