PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
El salón se vació lentamente, los vestidos brillantes barriendo los suelos de mármol, los cigarros consumiéndose en los ceniceros de cristal, y el último tintineo de vasos desvaneciéndose en el silencio.
El Señor Cortez se encontraba en la cabecera de la gran sala, levantando su copa para el brindis final. Sus palabras eran suaves, regias, el tipo de voto de gracias que solo un hombre nacido para el mando podía dar. Los demás bebieron, se inclinaron y se fueron