PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
El vestido se adhería a mí como un secreto. Terciopelo medianoche, una escandalosamente alta abertura, un escote lo suficientemente audaz para silenciar una habitación. Mis dedos alisaron la tela sobre mis caderas mientras capté mi reflejo en el espejo. Una sonrisa pícara se curvó en mis labios.
Esta noche no se trataba de verse hermosa.
Se trataba de poder.
Lo quería —a él, Señor Álvarez Alejandro Cortez III— que lo sintiera. Que me sintiera. Que ardiera bajo