CAPÍTULO 161- Sombras de terciopelo.
PUNTO DE VISTA EN PRIMERA PERSONA
París siempre había olido a pecado. A perfume costoso, a lluvia fresca y al suave murmullo de secretos que nunca permanecían enterrados. Debería haber sabido que venir aquí acabaría conmigo.
La ciudad resplandecía bajo la suave bruma del crepúsculo cuando llegué al evento en la azotea de Maison Voltaire, la casa de modas que, de algún modo, me había convertido en su nueva musa. Las cámaras destellaban como relámpagos, las copas de champán brillaban y, en algún