PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
Aquella noche, Londres resplandecía bajo un velo de niebla y luces ámbar. Las calles de Mayfair bullían de vida, con risas que brotaban de coches negros y entradas majestuosas. Tras las verjas de hierro de la Mansión Beaumont, la élite de la ciudad se reunía en un torbellino de seda, champán y secretos susurrados.
Isla Hart no había planeado venir. Se había dicho a sí misma que ya estaba harta de ese tipo de ambiente, harta de sonrisas falsas y máscaras caras q