Ethan había perdido por completo la noción del tiempo. Su cuerpo ya no parecía pertenecerle; era de ellos, movido exactamente donde querían, doblado de la forma que deseaban, empujado hasta el límite donde ya no podía distinguir si las lágrimas que corrían por sus mejillas nacían del dolor, del placer o de una mezcla abrasadora de ambos que lo consumía por dentro.
Cada vez que pensaba que tal vez le concederían un instante de descanso, otra mano caía sobre él sin piedad. Una tiraba de su cabell