UNA REINA EN EL CORAZÓN DEL REY. CAPÍTULO 70. El final de todo
Nadie tenía que gritarles. Las amenazas sobraban. El fuego en sí mismo era un enemigo con el que no se podía razonar, que no admitía negociación.
Así que para nadie fue una sorpresa cuando media hora después, con la ciudad envuelta en llamas y la certeza de muerte cerniéndose sobre sus cabezas y las de sus familias, aquellas puertas por fin se abrieron mientras tres docenas de hombres se lanzaban afuera.
El ejército los recibió, poniéndolos de rodillas de inmediato y quitándoles cualquier arma