UNA REINA EN EL CORAZÓN DEL REY. CAPÍTULO 23. El único sitio seguro
No pudo evitarlo. Sus ojos solo se cerraron y la inconsciencia se apoderó de él. No era solo la pérdida de sangre, el dolor, o toda aquella adrenalina de sentirse atacado, era que su cerebro ya lo llevaba incluso a alucinar, como creer que era Giulia la que estaba delante de él.
Tanto el cardenal Orsini como sus capellanes lo habían estado cuidando, pero el médico había determinado que no podía hacer mucho sin llevarlo a un hospital donde recibiera los cuidados apropiados, y por desgracia había