CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 34. La señora de la casa
El zumbido constante de los monitores era lo único que rompía el silencio en la habitación blanca del hospital. Jana yacía inmóvil en la cama, mirando al techo con desolación mientras sus ojos intentando ajustarse a la realidad que la envolvía. La luz parpadeante sobre su cabeza parecía danzar en consonancia con el dolor que pulsaba en su cráneo, pero definitivamente era menor que el que tenía cuando había despertado hacía dos días.
Cuarenta y ocho horas habían pasado en el ir y venir de médico