CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 3. Si puedes llegar a ella
Jana ni siquiera era capaz de explicar cómo se sentía. Por un segundo realmente había pensado lo peor, y toda aquella empatía que el hombre le había provocado desde el primer instante, había muerto al sentir su peso sobre ella. Sin embargo, al darse cuenta de que solo estaba intentando salvarle la vida, un millón de emociones se habían disparado en su cuerpo de una sola vez.
—¿Tú estás bien? —le preguntó nerviosa, mirándolo atentamente.
—Sí... Sí, estoy bien. Pero será mejor que nos vayamos ya.