CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 4. Si yo no estoy
Jana podía sentir cada músculo de Kris tenso contra su espalda. No sujetaba sus brazos con fuerza, más bien parecía como si solo la estuviera acariciando con demasiada posesividad. Él, por su parte, miraba al hombre con una mezcla de curiosidad y escepticismo pintada en su rostro. La tensión en el aire era palpable mientras el desconocido parecía considerar sus opciones. Sin embargo él no estaba dispuesto a darle mucho tiempo para pensar.
—¿Vas a llevártela o no? —le espetó con el tono cortante