CAPÍTULO 9. Instrumentos especiales
Mar puso las dos manos a escasos centímetros frente al pecho de Alan, haciéndolo detenerse en su camino hacia la puerta del subdirector.
—¡Alan, espera! —le pidió con ansiedad—. No puedes hacer esto...
—¿¡Ah no!? ¿Y Preston sí puede agredirte? —siseó él.
—¡No, claro que no! Pero yo puedo defenderme sola. Soy capaz de gritar más fuerte de lo que parece —sentenció.
Alan se quedó observándola por un segundo, sin conseguir descifrarla. Era evidente que se sentía mal, entonces ¿por qué no quería que