Mar puso las dos manos a escasos centímetros frente al pecho de Alan, haciéndolo detenerse en su camino hacia la puerta del subdirector.
—¡Alan, espera! —le pidió con ansiedad—. No puedes hacer esto...
—¿¡Ah no!? ¿Y Preston sí puede agredirte? —siseó él.
—¡No, claro que no! Pero yo puedo defender