CAPÍTULO 82. ¡Yeso, camisa de fuerza, corsé...!
—¿Quieres que te pegue? —lo amenazó Mar con una sonrisa mientras se inclinaba para darle un beso suave en los labios—. Por supuesto que me importas tú, amor, solo tú. Tus patitas de perro de pelea son solo un adicional.
—¡Espero por tu bien que hables de patitas de rottweiler! —suspiró Alan con dramatismo.
—Yo pensaba más como de chihuahua, esos también dan pelea.
Alan dejó escapar una carcajada baja mientras la sentía acomodarse contra su pecho y agradecer porque estaba vivo. Todo lo demás no