CAPÍTULO 65. Necesito que vengas ahora mismo
La psicóloga no podía decir que jamás hubiera visto a un niño llorar con tanta desesperación como aquella o a unos padres, biológicos o adoptivos, tan angustiados por el llanto de un niño. Sin embargo eso era lo normal para ella, era su trabajo. Así que le pidió a Alan que se sentara con él en uno de los sillones de su oficina y ella se sentó en el suelo frente a ellos.
Sin siquiera decir una palabra, sacó una pequeña mandolina y empezó a cantar una canción muy suave. Pasaron largos minutos en