CAPÍTULO 61. Una mujer sin miedo
Mar y Alan se sentaron en el auto, uno al lado del otro, con los hombros rozando y sus manos enlazadas. Estarían solos por algunos minutos más y luego se verían envueltos de nuevo en la vorágine del juicio.
En las escalinatas se había aglomerado de nuevo una multitud y Mar logró reconocer algunas caras de las chicas de la Fundación. A lo lejos vieron a Jackson con su cámara, y aunque no era de los tantos periodistas que los acosaban mientras caminaban, sabía que su voz era la que más peso tenía