CAPÍTULO 53. El ojo del mundo
Mar miró a su alrededor mientras aquellas palaras retumbaban en su cabeza. No era un maldit0 sádico al que le gustaba golpear a las mujeres, o al menos no era solo eso.
Todos los rostros en aquella sala estaban fijos en un punto indeterminados, pensativos mientras intentaban encajar aquella información. Las palabras de Kainn resonaron en su mente y sintió que un sudor frío empezaba a correr por su frente. Enfrentarse a la mafia sería casi imposible.
—No —dijo antes de que nadie despegara los la