CAPÍTULO 40. ¿O tá Lalaaaaaannnnn?
Megan miró al director con los ojos desorbitados y la mente hecha una maraña de ideas. La rabia le corría por las venas y sentía que hervía de indignación, porque ni en sus peores pesadillas había esperado que el médico se presentara allí con semejante demanda.
—¿Es una maldit@ broma? —espetó—. ¿Crees que con esto vas a librarte de que escriba un artículo sobre ti? ¡No eres el primero que amenaza a una periodista...!
—No, es que yo no te estoy amenazando. Simplemente estoy dejando claro que si