CAPÍTULO 18. Privilegio médico-paciente
El resto de los invitados no tardó ni cinco minutos en marcharse, y los que todavía estaban para ver la severa ubicada que Mar le daba a Lizetta Wayland salieron aguantándose la carcajada, entre ellos Harris y su señora.
—Alan, no tenías que hacerlo, no me siento tan mal... quizás solo sea una gripe —lo reconvino Mar y él levantó una ceja divertida.
—¡Por favor, no puedes decirme que no disfrutaste poniendo a Lizetta Wayland en su lugar! —aseveró—. ¡Es más, esto merece un brindis, voy por la ch