CAPÍTULO 17. La cortesía de un hombre
El silencio fue instantáneo y sepulcral. Nadie podía creer que Lizetta hubiera dicho semejante estupidez, sobre todo porque se notaba demasiado que el comentario estaba dirigido como una mala flecha a la autoestima de Mar. Había ahí mujeres más "damas" y con más glamour que ella y a ninguna se le había ocurrido despreciar a la prometida de Alan solo por ser asistente.
Sin embargo, si Lizetta creía que podía herir a Mar recordándole a todos que era solo una empleada con puesto básico, muy pronto