CAPÍTULO 19. Alas rotas
Alan salió del dormitorio llevándose a Michael y se dirigió a su propia habitación. No sabía explicar aquel dolor oscuro que lo invadía por no poder estar ahí para ayudar a Mar, pero entendía que el niño estaba primero y se veía realmente agitado. No podía dejarse arrastrar por el miedo y la incertidumbre porque de lo contrario no lograría calmar al pequeño.
—A ver campeón, ya no llores. La mami va a estar muy bien...
—No no no no no —negó Michael con las lagrimitas corriendo por su rostro—. ¡E