Edward aún no podía recordar su nombre cuando lo sacaron de la clinica en una silla de ruedas para meterlo en una especie de ambulancia. Sabía cuál era su nombre, pero lo sabía porque se lo habían dicho, no porque lo hubiera recordado. Algo muy distinto.
Pero lo que sí sabía con certeza era que todo aquello afectaba intensamente a su orgullo. No le gustaba necesitar la ayuda de otros. No le gustaba estar en desventaja. Y, sin embargo, allí estaba, a merced de los demás y con el orgullo por los