Edward estaba abrumado tenia la esperanza que al entrar a casa habría algo que lo ayudaría. Era una casa preciosa. Pero él no encontró en ella la magia que esperaba.
–No la recuerdas, ¿verdad? –preguntó Rossi en tono apagado.
–No –contestó Edward mientras seguía mirando atentamente los muros y los ventanales de la casa.
–Hace muchos años que conoces esta casa. Desde que empezaste a trabajar para mi padre cuando te convertiste en su protegido, el quería a su lado un hijo varon.
–¿Fue así como