Damián despertó con la polla dura como piedra y palpitante, la cabeza gruesa ya goteando pre-semen sobre su estómago. El sueño había sido jodidamente vívido: la suite de Las Vegas, la forma en que había llamado a su médico a la mañana siguiente para hacerse un panel genético completo, cómo Victoria había robado esos resultados y los había usado como arma durante años. Su verga latía con furia, las venas hinchadas, rogando por ser usada.
Elena seguía dormida a su lado bajo las sábanas, con una f