Pablo no tenía la cara para decir algo tan vergonzoso; no podía decir que Irene lo había bloqueado dos veces. Con un suspiro, se sirvió una copa de vino y la bebió de un trago.
—Irene, ¿te vendría bien hablar a solas? —Vicente movió la cabeza y miró a Irene.
—Lo que tengas que decir, puedes hacerlo aquí. —Diego intervino.
Vicente lo miró con sorpresa. Esta mañana, cuando dijo que llevaría a Lola, Diego no mostró reacción alguna. Pero ahora, cuando quería hablar a solas con Irene, Diego se interp