Diego detuvo su movimiento, bajó la mirada hacia él y luego desvió la vista. Pablo tomó un sorbo de vino.
—Hablo en serio.
—Si no tienes nada importante que decir. —Diegó respondió con un tono algo frío—. Sal a dar un par de vueltas.
—Desde un principio te dije que no debías casarte con ella... —Pablo dejó la botella de vino a un lado.
—Pablo, Sal. —La voz de Diego era baja, pero cargada de frialdad.
—¡Te lo digo porque te considero un hermano! ¿Sabes que tu esposa te está siendo infiel? —Pablo