Capítulo 23
Diego cerró la puerta del dormitorio antes de ir a abrir.

—¿Lola? —preguntó sonriendo—. ¿Todavía despierta?

Diego y ella habían cenado juntos y luego él mencionó que tenía trabajo pendiente.

Lola sabía que era adicto al trabajo y no se atrevía a molestarlo.

Finalmente, al ver que era hora, se decidió a venir.

—Diego —dijo Lola suavemente—, parece que la ducha de mi habitación tiene problemas y aún no me he bañado.

Diego respondió con voz gentil: —Entonces llama a recepción y que vengan a arreglarlo.

—Eso llevará mucho tiempo —Lola miró hacia dentro—. ¿Puedo bañarme aquí?

Diego cerró la puerta tras ella y ambos quedaron afuera: —Todavía estoy trabajando. Ve a tu habitación, yo hago la llamada y esperamos juntos.

Aunque su plan se vio interrumpido, el hecho de que Diego dejara su trabajo para acompañarla hizo sentir a Lola que era valorada.

Al día siguiente, Irene se despertó sintiéndose adolorida y débil por todas partes. Cada vez que movía las piernas, sentía que iba a romperse.

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Francisca SánchezIrene es una mujer sin dignidad no me gusta siempre es lo mismo con estas historias como puede una esposa permitir que su esposo la trata como una extraña cuando está con una simple secretaria ...
DoloresPinche gastadero de dinero que el escritor no tiene una buena imaginación le anda comprando a otros !! La piruja e inutil buscando quien la mantenga y un nombre y el pendejo que se cree que es el dios para ella pero ala esposa la deja aún lado!!!
Veronica Sullcaquiero ver cuando cambia el rumbo x q hasta ahora solo coraje me da la historia
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