Daniel llevaba un gran ramo de rosas en las manos.
Al verlo, Irene casi deseó dar media vuelta y marcharse.
¿Por qué algunas personas no entendían los límites?
Ojalá esas rosas no fueran para ella. Pero al siguiente instante, Daniel estaba frente a ella y colocó las flores directamente en su regazo: —Irene, son para ti.
Irene tomó las flores con una mano y las ofreció de vuelta: —Lo siento, no puedo aceptarlas.
—Somos compatriotas, nos encontramos en el extranjero, es el destino. Regalar flor