—¿Qué dices? —preguntó Bella—. Yo incluso le llevé comida.
—¿De verdad? —Irene se sorprendió—. ¿La preparaste tú?
—No, la compré.
—Bueno, eso también está bien; ¡hay que reconocerlo! —dijo Irene riendo.
—¿Ves? Yo también creo que soy genial. —respondió Bella, y luego le preguntó—. ¿Qué te pasa? Te escucho un poco diferente.
Irene le contó sobre la llamada de Fernando.
—Si no fuera tu padre, ¡lo habría maldecido! ¿Cómo puede ser así? —Bella estaba tan enfadada que le salían las palabras de la boc