El abuelo y el pequeño se abrazaron y pronto comenzaron a hablar en susurros.
Diego e Irene se miraron y no pudieron evitar sonreír. Irene se movió un poco hacia un lado, y Diego la siguió, ambos se pusieron frente a la ventana y miraron hacia afuera.
—No me dijiste que venías.
Diego habló con un toque de agravio.
—Antes le prometí a abuelo que traería a Feli a verlo. —respondió Irene.
—Podría haber ido a buscarlos.
—Estás muy ocupado. —replicó Irene—. ¿Tus padres están bien?
—Mi mamá aceptó reg