—No es Ezequiel. —Bella le llamó rápidamente a Irene.
—Entonces debe ser Diego. —respondió Irene.
—¡Ese perro! —exclamó Bella—. ¡No se va nunca!
—Bebé, —continuó Irene—, Joaquín y Ezequiel son amigos. Dile a Joaquín que hable con él y que le explique que no es posible entre Ezequiel y yo, que pare con esas tonterías.
—Ya le he dicho eso a Joaquín. —Bella suspiró—. Está bien, lo volveré a enfatizar. Por cierto, ¿cuándo vas a Monteluna? ¡Voy a recoger a mi ahijado!
—Mañana por la tarde. —dijo Iren