El arroz con mariscos que Diego había preparado estaba delicioso, sorprendentemente sabroso para Irene.
—¿Solo hiciste esto? —preguntó Irene, levantando la mirada después de beber un poco—. ¿Con esto me voy a llenar?
Diego no esperaba que la misma persona que antes no lo dejara entrar ahora le planteara exigencias. Se quedó un momento en silencio y luego respondió:
—¿Qué más te gustaría comer?
—¿No sabes ni qué me gusta desayunar y así pretendes conquistarme?
—Cuando te vayas, por favor cierra l