Bella realmente pensó que iba a golpear a alguien con la botella. Todos lo miraban con los ojos bien abiertos, pero de repente, Diego tomó la botella y la inclinó. El vino tinto comenzó a derramarse, empapando su cabeza.
Su cabello, aunque no muy largo, le cubría un poco la frente. El vino lo humedeció, y al peinarse el cabello hacia atrás, su frente brillante y hermosa quedó al descubierto. Sus rasgos ya eran deslumbrantes, y ahora, sin nada que los ocultara, se volvían aún más seductores.
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