Irene lo perdonó, y ambos se abrazaron con fuerza. Pero luego, el sueño se desvaneció.
Vicente estaba sentado al lado de su cama, reprendiendo a Diego.
—¿Cómo pudiste llegar a este estado? ¿Qué le voy a decir a tu abuelo cuando regrese?
Diego abrió los ojos y los volvió a cerrar. En sus brazos parecía quedar aún el calor de Irene, junto con esa fragancia familiar que tanto lo fascinaba. Pero ahora, todo eso se había esfumado. Si pudiera, desearía seguir soñando y no despertar.
Vicente tomó una p