—Yo...
—Bueno. —dijo Diego—. Y como te dije antes, no importa lo que haya pasado antes, espero que puedas respetarla en el futuro. Si dices algo que la haga infeliz, no te culpes si no respeto la hermandad.
—¿En serio? —Pablo tenía una expresión de injusticia—. No dije nada malo, ¿verdad? Si quieres que lo haga, puedo callarme y ser un tonto.
—Bien. —dijo Diego—. Eres muy consciente.
—Estaba bromeando. —Pablo se rio con resignación.
—No estoy bromeando. En resumen, si ella no te perdona, en even