—Sí, ser despiadado y sin amor es lo que te hace invulnerable. —dijo Diego con una sonrisa amarga.
No había terminado de hablar cuando su teléfono sonó. Al ver la llamada, contestó.
—¿Qué pasa?
—¿Qué dijiste?
Al escuchar lo que le dijeron, se levantó de golpe. Su expresión cambió drásticamente, lo que asustó a Vicente.
—¿Qué sucede?
Diego colgó el teléfono y se dirigió hacia la salida con pasos largos. Vicente lo llamó desde atrás, pero parecía que no lo escuchaba. Viéndolo así, Vicente no podía