—No lo haré. —Irene no podía creer que él todavía estuviera atormentándose con eso—. Me alegra que estés bien, pero cuelgo.
—Alguien quiere matarme.
—¿Qué dices? —Irene se alarmó de inmediato.
Cuando Diego despertó anoche, sintió que algo no estaba bien. Tenía buena salud y, además, Pablo no se atrevería a atacarlo de verdad. Así que el efecto de la droga no duró mucho; al despertar, lo primero que hizo fue buscar a Irene.
Pero se dio cuenta de que estaba en una habitación desconocida, sin nadie