—Gracias por todo. —suspiró Irene.
—Tengo una cirugía en breve. —dijo Irene—. Si no quieres verlo, ¿quieres venir conmigo?
Irene sacudió la cabeza. —Dado que ha venido, ¿crees que se va a ir sin ver mi cara?
—Entonces, ¿quieres que te acompañe? —preguntó Irene—. Creo que no le expliques nada, simplemente déjame que piense que estamos juntos.
—No te preocupes, yo me encargaré. —respondió Irene, sacudiendo la cabeza.
—Ire...
—Basta, ve a trabajar.
Irene terminó la conversación y se dio la vuelta p