Al escuchar lo que dijo, la gente a su alrededor no pudo evitar contener la respiración; la presencia de ese hombre era demasiado intimidante.
—Diego, ¿qué es lo que quieres al acosar a Ire una y otra vez? —Julio se levantó.
Diego le hablaba a Julio, pero sus ojos estaban fijos en Irene.
—Esto es un asunto entre ella y yo, ¿te concierne?
Julio quería decir algo más, pero Irene lo detuvo alzando la mano. Al ver su gesto, la rabia en el corazón de Diego ardió como fuego.
—Irene, no creo que quiera