Irene se recuperó completamente de su resfriado. Al ir a trabajar, Julio le trajo muchas frutas.
—¿Cómo voy a comer tantas? —dijo Irene, resignada.
—Come más frutas para reponer vitaminas y prevenir resfriados. —respondió Julio—. Las que te gusten, guárdalas, y reparte las demás con la gente de tu departamento.
Julio le trajo unas cerezas moradas, del tamaño de nueces, que al morderlas explotaban con un jugo dulce y fresco.
Irene recordó las palabras de Santiago, que decía que las frutas en casa