POV Lanya
El hombre levantó la mano con la pistola apuntando directo hacia mí, y en ese instante el tiempo pareció detenerse.
No era solo el arma… era la decisión detrás de ella.
Su dedo temblaba sobre el gatillo, su brazo no estaba firme, y aun así, sabía que bastaba un segundo para que todo terminara.
Sentí cómo el miedo me subía por el pecho, apretándome la garganta, haciéndome difícil respirar.
Pero entonces, la voz de su compañero rompió el momento.
—¡¿Y si miente?! —gritó con brusquedad—.