POV AUGUSTO
Tenía miedo.
Un miedo terrible, de esos que se meten en el pecho y no te dejan respirar.
Estaba perdiendo a mi mujer. A Nina.
A la mujer que amaba.
Y lo peor de todo era que ya la había perdido una vez.
Después de aquello me prometí a mí mismo que jamás volvería a permitir que se alejara de mí.
Había jurado que, pasara lo que pasara, encontraría la manera de recuperar su confianza, de protegerla y de construir nuevamente nuestra familia.
Pero ahora estaba sucediendo otra vez.
Y esta