POV Augusto
Las horas en aquel hospital parecían no tener fin.
Cada minuto se arrastraba con una lentitud insoportable, como si el tiempo se hubiera detenido únicamente para torturarme. Caminaba de un lado a otro por el pasillo, me sentaba, volvía a levantarme y miraba constantemente hacia las puertas de las habitaciones.
No podía dejar de pensar en mis hijos.
En Alexander.
En Agustín.
Y, sobre todo, en Nina.
Cerré los ojos y respiré profundamente.
Había pasado tantas cosas en tan poco tiempo qu