POV Augusto
—¿Dónde está? —pregunté, sintiendo que el aire se me escapaba de los pulmones con una violencia sofocante.
—No lo sé, ya llamé a la policía —respondió la voz al otro lado, temblorosa, casi inaudible por la desesperación.
—¿Qué? —exclamé, aferrándome al borde de la mesa para no caerme.
En ese preciso instante, sentí terror; un terror frío, denso y paralizante, el peor de todos los miedos que un ser humano pueda experimentar jamás.
Era la certeza aterradora de que la vida de mi pequeño