POV Nina
Conduje sin saber realmente hacia dónde iba.
Mis manos permanecían aferradas al volante, pero me temblaban tanto que apenas podía mantener el automóvil en línea recta.
Las lágrimas seguían cayendo.
Apagué el motor y me quedé completamente inmóvil.
Entonces rompí a llorar.
No fue un llanto silencioso.
Fue un llanto desesperado, de esos que nacen desde un lugar tan profundo que parece que van a arrancarte el corazón.
Me llevé las manos al rostro.
—¿Por qué, Augusto...? —susurré.
No podía