El sol de la mañana se colaba por las rendijas de las cortinas, pintando la habitación con un tono dorado. Amelia abrió los ojos lentamente, la confusión instalada en su mente antes de que el cerebro pudiera procesar la realidad. El suave peso de una sábana de seda sobre su cuerpo, el rastro de un perfume masculino, todo le gritaba que no estaba en su propia habitación.
De repente, la imagen de la noche anterior, el beso, la pasión desatada, la inmovilización, la intimidad... todo volvió como