Los empleados, con la algarabía propia de una noche de celebración, se dirigieron al lugar de la cena. Al mismo tiempo, Maximilian subió a su coche y partió hacia el restaurante. En el trayecto, su mente, de forma inquietante, se encontró vagando hacia Amelia. Sacudió la cabeza, intentando ahuyentar esos pensamientos. No le gustaba nada que ella ocupara un espacio tan prominente en su mente; su habitual autocontrol se veía afectado. No podía creer que ella, poco a poco, estuviera yendo más allá