Aunque Maximilian no se lo esperaba, recibió una visita inesperada de su madre, Ana. Ella apareció en su puerta con unos tuppers de comida casera, asegurándole que había preparado lo que más le gustaba. La visión de su madre, con ese aire maternal y cálido, hizo que una sonrisa se dibujara en el rostro de Maximilian. Se levantó del sofá y se dirigió hacia ella, abrazándola cariñosamente. Ana correspondió con el mismo cariño y dulzura, sintiendo que su hijo necesitaba ese contacto humano más que